Primera edición Nido de Cuervos, Lima, 1999. Segunda edición Hipocampo editores Lima, 2005. Alhaalla, taivaan yllä traducción al finés de Abajo sobre el cielo. Kääntöpiiri, Helsinki 2001.
lo que yo llamo cielo y es tierra
y todas las noches ocupa un espacio distinto al de los cielos y se extiende sobre un paño de noche elegante y vive como las fogatas de los castillos conquistados allá arriba y deja escapar anillos de luz simples bocanadas de gente innumerables miles no podría contar cuántas veces me perdí en el cielo yo que creí que pisaba tierra empecé a enumerar sus escalones desvanecidos con tanta facilidad por la gente que al pisarlos los duplica los triplica y pienso que es la velocidad -alucinaciones de estómago vacío- de trabajo mecánico y a tiempo completo sin vacaciones con vacaciones -sin goce de haber- o sólo el caos en un mundo que no es cielo ni tierra entre tierra y cielo cielo y tierra hay un lugar común de seres indiferenciables que bien observo con este cucurucho que quiere -intenta- ser mi único microscopio o mirador oficial sin asomarme a la ventana del micro aunque la gente grite Me ordene cordura razón para no mirar nuevamente verme indefenso en un mundo que no podría domeñar solo Ese día casi toqué el cielo porque su olor a tierra sudada o lo que sea se impregnó en mi chompa en mis cabellos quedó un poco del polvo abigarrado de su alimento mi lengua también saboreó la acidez segura de sus suburbios celestes y no dejé de parpadear cuando quise contar cada lucecita suya en la inmensidad -ya me estaban tragando- Si no fuera por estos golpes torpes ininterrumpidos de chofer por esa voz ronca de vaso vacío (solo) que desde arriba me recordó que simplemente estaba abajo
El Santo Oficio, Lima 2001
Inusitadamente el viento corre en galope perruno se cocina en tormentas fantasmales en forma de cono bajo los puños de las mangas más discretas asume cierto poder de cortar el cerquillo que delimita el día Yo extraño mucho los ruidos que el invierno engulle con su gran cuchara de cemento esas confesiones que rebotan de pared en pared y duermen el sueño de los justos en las bancas que los que de seguro quieren pasar inadvertidos eligen en compañía única de atolondrados perros siemprevivas y papeles de periódico que leemos de casualidad y mi madre usa para envolver cabecitas de pescado El frío delgadito como el ojo de una aguja cose sus sueños de hielo en la mirada de la gente enfundada como una pistola Los árboles de platino Las cruces imaginarias que paran los pelos de la catedral que alimenta pollos y lechuzas a pura cera en la hora del ángel luz.
trabajó todo el día sin éxito la gitana vendió todo el día todo el día una cartilla con números de la suerte parecía emerger de una enorme falda negra
Los ojos ocultan su perfil en el horizonte de inmaculados mensajes vacíos sacuden su cuero cabelludo de pájaros gritones sanguíneamente recorren la ciudad que un vocerío inanimado de flores y estupor ensancha cada uno tiene un pastor un campo o prado un bosque o una jauría vigilante.
Ediciones Flora Tristán, Lima 2006
yo era una niña mi primer poema retumbaba en las orejas de mis vecinos como un vendedor callejero
todo lo que nos sirve se extiende sobre la lengua amplia y puntiaguda de la tarde
si hubiera habido agua para lavar la melena sedosa del sol la urdimbre de orfebrería que el deseo acantonó en plazas de una existencia inmóvil
ah muslos de las dunas deshojadas atravesar el denso tapiz de la neblina que las palmeras impregnan de una incomprensible laboriosidad que aqueja volarle los sesos a la luna es verdad no había agua para regar un jardín el desierto era aquella humanidad y el polvo que mi madre empuja con la escoba
lima
no puedo desprenderme de ti
no puedo hablarte
tú de espaldas la más dura de las paredes las señales que se avecinan sólo empujan autos que se concentran en raudales de humo que no contengo ni disipo en las inconmensurables tintas que ya intentan vestirme como un discurso por de más agotado
lima yo quiero el naranja que me trae la buena nueva de repartir los fluidos primordiales en la cresta de estos cerros de abanico el puesto del gusano en la gasolinera el roedor que tiende su cola de extremidades laxas y huye desesperado a derretirse en las costas amarillas de cualquier carne
a ti espero llegar percibiendo nada menos que mi cuerpo condenado a la inexactitud de la arena convertido en la arena de los párpados que todo lo ven
PoesíaconC, Malmö 2009
tiempos de la tbc entonces recibía un plátano y once pastillas de golpe una anciana hacía la cola en el puesto de salud bondadosas moscas se pegotean animosas en el envidriado compartir algo más que una descascarada sombra un chorrito de luz la misma cola el mismo bando el excesivo blanco de una enfermera que el sol sacude con sus dedos de zarza
Una extranjera viajando en tren a Moscú Voronezh desviando el camino cementerio de fábricas reactores nucleares y flores disfrazados de pasto en el fondo en el fondo la boina roja de un asustado conscripto que no bajará la mirada demasiado joven pienso yo demasiadas preguntas piensa él
dos muchachos rubios con un bate de béisbol botas y cabellos rapados destapándome el vacío llenando esta nada de golpes